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11 de diciembre de 2012

"Vivía satisfecho de ser un escritor"

Mirta Arlt dice que se ha exagerado al retratar como un ser torturado al creador de joyas como Los siete locos y El juguete rabioso
 
En primera persona. Mirta fue docente universitaria
y periodista, y ahora escribe una biografía
sobre su padre. Foto: Emma Livingston
Hace 70 años fallecía Roberto Arlt, uno de los más destacados autores de nuestra literatura. Tenía apenas 42 años cuando murió y en esa corta vida, esa vida puerca, como alguna vez pensó en llamar a su novela emblemática, El juguete rabioso, se erigió como una voz popular de nuestra narrativa y en un virtuoso cronista-escritor que con sus aguafuertes cambió el curso del periodismo gráfico.

Su única hija, Mirta, trabaja en una propia biografía de Arlt, un autor alrededor del que se erige la fama de artista maldito y torturado. Mirta tuvo a cargo la cátedra de Literatura Inglesa en la UBA y fue una destacada periodista para publicaciones nacionales y extranjeras.

Genio y figura, su padre pensaba a través de Silvio Astier, el protagonista de El juguete rabioso: "Lo que yo quiero, es ser admirado por los demás, elogiado por los demás. ¡Qué me importa ser un perdulario! Eso no me importa. Pero esta vida mediocre. Ser olvidado cuando muera, esto sí que es horrible. ¡Ah, si mis inventos dieran resultado". Aquel anhelo hoy es un hecho y la ficción superó el deseo y se convirtió en realidad.

Está escribiendo una biografía sobre su padre. ¿Qué aspectos quiere destacar en ella? ¿Está de acuerdo con las otras biografías escritas sobre él? [El escritor en el bosque de ladrillos , de Sylvia Saítta, y Roberto Arlt, el torturado , de Raúl Larra.]

Quiero destacar la relación del hombre escritor que era mi padre con su hija, relación que abarca tres momentos: la relación personal de padre e hija, propiamente; yo, como lectora de mi padre, y luego como lectora formada en mi profesión de letras. Cada biógrafo hace su lectura y agradezco las de Saítta y las de Larra, que reflejan la formación y personalidad de cada uno en particular, informando y manifestando los aspectos que a sus criterios lo convierten en valioso.

¿Por qué se lo lee más ahora que cuando estaba vivo?

La posteridad de un escritor depende del encuentro con sus lectores. Los de mi padre se reconocen hoy en el escritor que atrapado en los límites de una clase, cuyos valores y formas rígidas se ve continuamente obligado a rechazar, los representa en la literatura. Otra causa es que mi padre fue anticipadamente ese hombre universal cuyos rechazos y reflexiones coinciden con el que, abandonado por la gracia del Dios de la cristiandad, desobedece las convenciones sociales convertidas en leyes aún vigentes en la tercera década del siglo XX y no han encontrado aún reemplazo.

¿Cuál es el mayor legado que ha dejado su padre a la literatura argentina?

Su legado es el de ser un escritor locuaz, con bastante seducción, y haber empleado un lenguaje propio que le permitió hacer con sus novelas una constante epifanía, es decir, hacer que las palabras emanen el epicentro de lo que el escritor descubre a través de personajes locutores, acosado por la angustia, de experiencias y anticipaciones existencialistas.

Hay una imagen o mito de su padre como escritor torturado, atormentado e incomprendido. ¿Qué piensa de ella?, ¿está de acuerdo?

Creo que se ha exagerado, porque mi padre vivía tan convencido de sus valores exclusivos y tan satisfecho de ser un escritor que solía repetirme, complacido por algo que acababa de imaginar: "Mirtita, tu padre es un genio".

En sus Aguafuertes aparece una mirada de escepticismo hacia la clase política, al menos eso señala la crítica. ¿Cómo imagina que interpretaría los hechos de la Argentina actual?

No me atrevo a atribuirme sus pensamientos. Aunque los imagino como anticipatorios de la segunda Revolución Francesa.

¿En qué sentido?

Se barrió con el derecho divino de los reyes. Se barrerá con lo que lo reemplaza como poder omnímodo, como aceptación de que Dios creó a los ricos en sus castillos y a los pobres a sus puertas.

¿Usted enseñó algún texto de su padre?

Cuando los militares me decretaron cesante en todas mis cátedras de Lengua y Literatura Inglesa, el rector de la UBA me ubicó como adjunta de Literatura Argentina con el Dr. Ara, y cuando llegamos de mi padre no se dio un solo texto, sino que se analizó su obra en su totalidad.

Todo texto es autobiográfico, dicen muchos autores. En ese caso, ¿qué personaje considera que se parece más a él? Muchos profesores de literatura argentina señalan puntos en común entre Silvio Astier (también aparece allí un intelectual que lo guía, que es Conrado Nalé Roxlo) y su padre.

El autor es siempre enunciador y enunciado, es decir, el que escribe y el personaje. Algunos personajes traen más sobrecarga del autor que otros. Silvio Astier es la adolescencia y primera juventud de mi padre. Erdosain trae mayor sobrecarga del autor que Espila, por ejemplo. Pero el caudal social que se manifiesta es la época, que en la novela expresa lo que la historia calla simplemente porque su ojo no lo ve, y si lo ve no sabe revivirlo, porque eso lo hace el arte.

¿Hablaba con su padre de literatura?

No. La literatura estaba presente porque era lo que manejaba mi padre desde que se levantaba. Mi padre no me hablaba específicamente de literatura ni me estimulaba para que yo escribiera. Prefería que yo fuese ingeniera industrial, porque me permitiría dejarlo morir sabiendo que yo podría ganarme la vida. Además, la literatura femenina no le resultaba de interés; "el mundo de las mujeres es muy chico", me decía.

¿Cuál es el consejo más importante que le dio?

Ser económicamente independiente [más allá de estar] casada, soltera, viuda o divorciada.

¿Le pesa llevar un apellido tan significativo para la cultura y la historia de nuestro país?

No me pesa ahora que estoy muy mayor. En realidad no he sufrido necesidades económicas, pero he tenido la suerte de trabajar con gente que no sabía de qué origen era mi apellido, como sucedió cuando daba clases de inglés y durante mi temporada de secretaria de la corresponsalía de la revista Time & Life en Buenos Aires hasta 1955.

¿Cómo era él como padre? He leído que la apoyó mucho para que siguiera sus pasos.

Como padre era un ser convencido de que mi destino glorioso se cumpliría como el de Antígona. Constantemente repetía: "Serás el báculo de tu anciano padre, Mirtita".

*Publicado en la edición impresa de La Nación de 09 de diciembre de 2012