Aspiración: solicitan que sea declarada monumento histórico una casa en la que el escritor vivió con sus padres.
Por Celina Chatruc | LA NACION
"En nuestros tiempos no son muchas las personas de buena memoria. Salvo, desde luego, en Flores", observó Alejandro Dolina en uno de sus cuentos. La gente de ese barrio porteño, en efecto, recuerda en especial a un ilustre ex vecino: Roberto Arlt.
Hoy, los vecinos de Flores piden más: que la casa de Roberto Arlt sea declarada monumento histórico nacional. Sin embargo, los actuales habitantes de esa residencia se resisten. No quieren fotos ni publicidad: sólo les interesa vivir tranquilos.
Según los vecinos, el escritor habría vivido por épocas, a partir de 1926, en la casa de sus padres: una vieja casona ubicada al 2200 de la calle Yerbal, entre Caracas y Gavilán.
Karl Arlt, su padre, y Ekatherine Lobstraibitzer, su madre, habitaban uno de los 102 departamentos de un edificio de tres pisos, construido en 1926 por la Unión Popular Católica Argentina para gente humilde.
CONTRA LAS CIRCUNSTANCIAS
En los años 20, por iniciativa de monseñor Miguel De Andrea, un grupo de familias con recursos colaboró en la construcción de ese lugar, que ocupa una manzana y todavía conserva escaleras de mármol con balaustradas y patios internos poblados de plátanos, gomeros y palmeras.
Hace diez años, ese edificio fue reconocido como "Testimonio de la memoria ciudadana" por el Museo de la Ciudad, dependiente en ese entonces de la Municipalidad de Buenos Aires, por haber mantenido su carácter y decoración original.
Este escritor, que sobrevivió a la pobreza y a su padre, que solía pegarle cuando era chico, escribió cuatro novelas -"El juguete rabioso", "Los siete locos", "Los lanzallamas" y "El amor brujo"- , media docena de obras teatrales, 70 cuentos y cerca de 1200 artículos periodísticos.
En el prólogo a "Los lanzallamas", Arlt confesó: "ºCuántas veces he deseado trabajar una novela que, como las de Flaubert, se compusiera de panorámicos lienzos! Mas hoy, entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no es posible pensar en bordados".
Tanto Arlt como otros artistas que pasaron por Flores eran "gente de poco nivel adquisitivo y muy bohemia, que vivía seis meses en un lugar y seis en otro", contó Carlos Demarco, presidente de la Asociación Vecinal de Flores.
Según Demarco, en ese barrio también vivieron Alfonsina Storni (Terrada 578); Bonifacio del Carril (San Pedrito 258); Baldomero Fernández Moreno(Francisco Bilbao 2384); Agustín Magaldi (Artigas 262); Celedonio Flores (Bonifacio 2011); Libertad Lamarque (Directorio y Lautaro) y Julio Cortázar (sobre la Av. Rivadavia).
SIN MIEDO AL TRABAJO
Hijo de padre alemán y madre austríaca, Roberto Arlt nació en 1900, en un hogar de inmigrantes de Flores. No tardó mucho en descubrir su vocación."Todavía iba a la escuela primaria cuando me agarró el berretín de la literatura. Tragaba libros y vomitaba cuentos", confesó el escritor en una ocasión.
A los nueve años abandonó el colegio primario y a los 16, su casa, para vender libros viejos. "El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo" era la filosofía de alguien que fue dependiente de librería, aprendiz de hojalatero y de pintor, mecánico, vulcanizador y corredor, director de una fábrica de ladrillos, que trabajó en el puerto e insistió en ser escritor.
Arlt se casó en Córdoba con Carmen Antinucci y tuvo a su hija Mirta, también escritora. A los 28 años, de regreso en Buenos Aires, trabajó en el diario El Mundo, donde publicó hasta su muerte una columna diaria titulada "Aguafuertes porteñas", luego convertida en libro.
En 1941 se volvió a casar en el Uruguay, con Elizabeth Shine, y con ella tuvo un hijo que llevó su mismo nombre. Sin embargo, Arlt no llegó a conocerlo: murió en julio de 1942.
*Lunes 26 de enero de 1998