¡Ester
Primavera!
Su nombre acumula pasado en mis ojos. Mis sobresaltos rojos palidecen en sucesivas bellezas de recuerdo. Nombrarla es recibir de golpe una ráfaga de viento caliente en mis mejillas frías.
Estirado en la reposera, cubierto hasta el mentón con una manta oscura, pienso de continuo en ella. Hace setecientos días que pienso a toda hora en Ester Primavera. La única persona que he ofendido atrozmente. No, esa no es la palabra. No la he ofendido, hice algo peor aún, arranqué de cuajo en ella toda la esperanza de la bondad terrestre. No podrá tener nunca más una ilusión, tan groseramente le he retorcido el alma. Y esa infamia dilata en mi sangre una tristeza deliciosa. Ahora sé que podré morir. Nunca creí que el remordimiento adquiriera profundidades tan sabrosas.
Su nombre acumula pasado en mis ojos. Mis sobresaltos rojos palidecen en sucesivas bellezas de recuerdo. Nombrarla es recibir de golpe una ráfaga de viento caliente en mis mejillas frías.
Estirado en la reposera, cubierto hasta el mentón con una manta oscura, pienso de continuo en ella. Hace setecientos días que pienso a toda hora en Ester Primavera. La única persona que he ofendido atrozmente. No, esa no es la palabra. No la he ofendido, hice algo peor aún, arranqué de cuajo en ella toda la esperanza de la bondad terrestre. No podrá tener nunca más una ilusión, tan groseramente le he retorcido el alma. Y esa infamia dilata en mi sangre una tristeza deliciosa. Ahora sé que podré morir. Nunca creí que el remordimiento adquiriera profundidades tan sabrosas.
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Ester Primavera |